
Para superar el sufrimiento no necesitamos eliminar todo aquello que nos causa dolor, sino aprender a relacionarnos de otra manera con lo que estamos viviendo: reconocerlo, aceptarlo y, cada vez que perdemos la paz, volver nuestra atención a la Presencia del Ser, donde descubrimos una paz que no depende de las circunstancias.
Superar el sufrimiento es uno de los grandes anhelos del ser humano.
Todos queremos vivir bien.
Queremos sentirnos en paz, disfrutar de nuestras relaciones, avanzar en nuestros proyectos y experimentar una sensación profunda de plenitud.
Sin embargo, tarde o temprano todos atravesamos momentos en los que la vida no sucede como esperábamos.
Una pérdida.
Una ruptura.
Un fracaso.
Una enfermedad.
Un conflicto.
Una decepción.
Una incertidumbre.
Y entonces aparece una pregunta inevitable:
¿Cómo podemos superar el sufrimiento sin pasar toda nuestra vida intentando escapar de él?
Quizá la respuesta no consista en construir una vida en la que nunca volvamos a sufrir.
Quizá consista en comprender qué es realmente el sufrimiento, cuál es nuestra relación con él y descubrir un lugar interior desde el que podamos vivir con aceptación incluso aquello que no podemos controlar.
Lo vamos a ir viendo en este artículo.
Continúa leyendo.
El sufrimiento psicológico no es una experiencia marginal.
Según la Organización Mundial de la Salud, en 2021 casi 1 de cada 7 personas en el mundo —unos 1.100 millones de personas— vivía con algún trastorno mental. Los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los más frecuentes. La OMS señala además que estos problemas pueden provocar un sufrimiento duradero y afectar de manera significativa a la vida cotidiana cuando no reciben atención adecuada.
OMS — Trastornos mentales: datos y cifras
¿Qué es el sufrimiento y por qué sufrimos?
El sufrimiento es el malestar que aparece cuando nuestra mente entra en conflicto con lo que estamos viviendo, resistiéndose a lo que es.
El dolor puede formar parte de la vida; el sufrimiento se intensifica cuando nos identificamos con ese dolor y queremos que la realidad sea diferente.
Superarlo no significa dejar de sentir, sino aprender a relacionarnos con lo que sentimos desde la Presencia y no desde la resistencia.
Para comprender cómo superar el sufrimiento necesitamos diferenciar entre el dolor y sufrimiento.
El dolor forma parte de la experiencia humana. Nuestro cuerpo y nuestra mente reaccionan ante acontecimientos que amenazan nuestro bienestar.
Pero el sufrimiento puede ir mucho más allá de la experiencia inicial.
Algo sucede.
Y después nuestra mente comienza a relacionarse con aquello que ha sucedido:
«Esto no debería estar pasando.»
«No puedo soportarlo.»
«¿Por qué me ocurre esto a mí?»
«Esto tiene que cambiar para que yo pueda estar bien.»
El acontecimiento puede ser doloroso, pero nuestra resistencia, interpretación y anticipación pueden añadir nuevas capas a la experiencia.
Por eso el sufrimiento no siempre desaparece cuando desaparece aquello que lo originó.
A veces seguimos reviviendo mentalmente lo ocurrido, imaginando futuros negativos o construyendo una historia alrededor de lo que sentimos.
La ansiedad nos permite observar hasta qué punto el malestar psicológico forma parte de la experiencia humana actual. La OMS estima que 359 millones de personas tenían un trastorno de ansiedad en 2021. No hablamos simplemente de sentir preocupación ocasional: en los trastornos de ansiedad, el miedo y la preocupación pueden ser intensos, difíciles de controlar y suficientemente persistentes como para interferir en la vida cotidiana, las relaciones o el trabajo.
Esto no significa que toda preocupación sea un trastorno ni que todo sufrimiento necesite tratamiento clínico. Todos experimentamos miedo, tristeza, frustración o incertidumbre. La cuestión interesante es qué hacemos con aquello que sentimos.
¿Cuáles son las señales de tristeza profunda o sufrimiento?
Las señales de tristeza profunda o sufrimiento pueden aparecer como un malestar persistente, pérdida de interés, aislamiento, irritabilidad, dificultad para descansar o una sensación de vacío que parece no desaparecer. Reconocerlas no significa juzgarlas ni querer eliminarlas de inmediato, sino mirarlas de frente y comprender qué está ocurriendo en nosotros. Cuando este malestar se mantiene, se intensifica o empieza a interferir en nuestra vida cotidiana, pedir ayuda profesional también puede ser una manera consciente de cuidarnos.
El sufrimiento emocional y nuestra relación con lo que ocurre
El sufrimiento emocional aparece cuando una experiencia interna o externa se convierte en una fuente prolongada de conflicto.
Podemos sentir tristeza, miedo, frustración o enojo.
Nada de eso nos convierte en personas débiles.
Son respuestas humanas.
El problema aparece cuando creemos que no deberíamos sentirlas o cuando nos identificamos completamente con ellas.
Entonces dejamos de experimentar simplemente una emoción y comenzamos a construir nuestra identidad alrededor de ella.
«Soy una persona ansiosa.»
«Soy un fracasado.»
«Nunca voy a salir de esto.»
«Mi vida siempre será así.»
Comprender esta diferencia puede ayudarnos a relacionarnos de una forma distinta con nuestras propias emociones.
Dolor y sufrimiento: dos experiencias que conviene distinguir
No todo lo que sentimos tiene que ser eliminado.
El dolor puede cumplir una función adaptativa cuando nos informa de que algo necesita nuestra atención.
Una pérdida genera dolor porque hemos establecido un vínculo.
Un conflicto puede generar dolor porque existe algo importante que necesita ser atendido.
Una situación adversa puede despertar miedo porque nuestro organismo intenta protegernos.
Por eso no necesitamos convertirnos en personas incapaces de sentir.
Necesitamos aprender a escuchar lo que sentimos sin permitir que cada emoción determine nuestra manera de vivir.
¿Podemos superar el dolor emocional?
Sí, pero superar el dolor emocional no significa borrar lo sucedido.
Significa permitir que la experiencia pueda ser procesada, integrada y finalmente dejar de ocupar el centro de nuestra identidad.
A veces necesitamos tiempo.
A veces necesitamos comprensión.
A veces necesitamos apoyo.
Y en determinadas circunstancias la terapia psicológica puede ser una herramienta extraordinariamente valiosa para comprender procesos complejos y desarrollar recursos que favorezcan la salud mental.
Buscar apoyo profesional no significa que no seamos capaces de afrontar nuestra vida.
Significa reconocer cuándo necesitamos ayuda y utilizar los recursos disponibles.
Es importante distinguir entre el sufrimiento emocional que forma parte de las experiencias normales de la vida y un trastorno de salud mental. La propia OMS señala que la depresión, por ejemplo, es diferente de las fluctuaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves ante las dificultades cotidianas. Un episodio depresivo implica síntomas persistentes que afectan significativamente al funcionamiento de la persona.
¿Por qué buscamos la felicidad fuera de nosotros?
Desde pequeños aprendemos a asociar determinados acontecimientos con nuestro bienestar.
Cuando conseguimos algo que queremos, nos sentimos bien.
Y la mente aprende rápidamente:
«Esto me hace feliz.»
Así comienza una búsqueda que puede durar toda la vida.
«Cuando encuentre pareja…»
«Cuando tenga más dinero…»
«Cuando mi negocio funcione…»
«Cuando tenga más tiempo…»
«Cuando consiga aquello…»
Siempre existe un próximo objetivo.
Y mientras no llega, aparece una sensación de carencia.
La trampa de conseguir lo que deseas
Imagina que llevas meses deseando algo.
Finalmente lo consigues.
Durante un tiempo experimentas satisfacción.
La mente deja de perseguir aquello que quería.
El diálogo interno disminuye.
La tensión desaparece.
Y sentimos paz.
Entonces atribuimos esa paz a aquello que acabamos de conseguir.
Pero observa lo que ocurre después.
La emoción disminuye.
Aparece otro deseo.
Otro objetivo.
Otra preocupación.
Y vuelve la búsqueda.
¿Y si la felicidad no procede de lo que conseguimos?
Esta es una de las investigaciones más importantes que podemos realizar.
Cuando conseguimos aquello que deseamos, quizá no sea el objeto el que produce nuestra felicidad.
Quizá simplemente hemos dejado de buscar durante unos instantes.
La mente se aquieta.
La sensación de carencia desaparece temporalmente.
Y en ese silencio podemos reconocer una paz que ya estaba presente.
Es como contemplar el cielo después de que las nubes se aparten.
No son las nubes las que han creado el cielo.
El cielo siempre estuvo ahí.
Confundimos el efecto con la causa
Pensamos que el coche nos hizo felices.
Que las vacaciones nos hicieron felices.
Que una persona nos hizo felices.
Que el dinero nos hizo felices.
Que conseguir un objetivo nos hizo felices.
Pero aquello que parecía ser la fuente de nuestra felicidad termina perdiendo su capacidad de producirla.
¿Por qué?
Porque aquello que cambia no puede proporcionarnos una paz completamente estable.
Todo lo externo está sometido al cambio.
Las relaciones cambian.
El cuerpo cambia.
La economía cambia.
Las circunstancias cambian.
Las emociones cambian.
Pero hay algo en nuestra experiencia que nunca cambia.
La Conciencia que testifica todos esos cambios.
No se ve afectada por el contenido de tu experiencia.
Su naturaleza es una paz de fondo, silencio, presencia, felicidad incluso.
Desde la perspectiva que proponemos en Rumbo al Ser, podemos observar algo en nuestra propia experiencia: muchas veces creemos que un objeto, una persona o una circunstancia nos ha dado felicidad, cuando quizá lo que ha ocurrido es que, durante unos instantes, ha cesado la búsqueda que mantenía nuestra atención proyectada hacia el futuro. Esta es una invitación a investigar la experiencia directamente, no una afirmación que necesitemos aceptar como una creencia.
Cómo superar el sufrimiento sin luchar contra la vida
La pregunta entonces cambia.
Ya no se trata únicamente de cómo superar el sufrimiento.
Se trata de descubrir cómo relacionarnos con él de una manera adecuada.
No podemos controlar todo lo que sucede.
Pero sí podemos aprender a observar nuestra respuesta.
¿Podemos manejar el sufrimiento?
Podemos aprender a manejar el sufrimiento de una forma mucho más consciente.
Eso puede incluir hablar con alguien de confianza, desarrollar habilidades sociales, cuidar nuestro cuerpo, practicar atención plena, comprender nuestras emociones y aprender a establecer límites.
También podemos observar qué conductas poco saludables utilizamos para evitar sentir.
A veces buscamos comida.
Trabajo.
Compras.
Pantallas.
Alcohol.
Aislamiento.
Actividad constante.
Cualquier cosa que nos permita no estar presentes con lo que sentimos.
Estas estrategias pueden proporcionar alivio momentáneo, pero no necesariamente resuelven aquello que ocurre en nuestro interior.
Evita el dolor: una trampa frecuente
Nuestra cultura nos enseña constantemente a evitar el dolor.
Pero cuando convertimos esa evitación en el objetivo principal, podemos terminar organizando nuestra vida alrededor del miedo a sufrir.
Y cuanto más intentamos no sentir algo, más atención puede ocupar.
Por eso podemos aprender otra respuesta:
mirarlo de frente afrontarlo.
No significa buscar el sufrimiento.
Significa dejar de huir automáticamente de aquello que ya está ocurriendo.
¿Qué herramientas o consejos existen para combatir el sufrimiento?
Para superar el sufrimiento existen herramientas que pueden ayudarnos a relacionarnos de otra manera con lo que sentimos: la terapia psicológica, el ejercicio físico, el contacto con otras personas, con la naturaleza, la atención plena y diferentes técnicas de regulación emocional. Entre ellas, en Rumbo al Ser damos especial valor a la práctica de Dejar Ir, enseñada por el Dr. David R. Hawkins, que consiste en permitir plenamente una emoción, sin resistirla, juzgarla ni tratar de controlarla, hasta que su intensidad disminuya de forma natural. Esta misma actitud de sentir y permitir, en lugar de luchar contra la emoción, aparece con distintos nombres y pequeñas variaciones en numerosas tradiciones contemplativas y también en métodos actuales de regulación emocional como TIPI, que ha mostrado resultados prometedores en la reducción del estrés, la ansiedad y otras emociones difíciles. No se trata de negar el dolor ni de forzarnos a estar bien, sino de aprender a experimentarlo sin añadirle resistencia y, desde ahí, volver a la Presencia, a nuestra Paz interior.
Superar el sufrimiento emocional empieza por reconocerlo
Cuando aparece una emoción difícil, podemos practicar algo muy sencillo.
Reconocer que está ahí.
Sin juzgarla.
Sin justificarla.
Sin dramatizarla.
Sin minimizarla.
«Hay miedo.»
«Hay tristeza.»
«Hay frustración.»
«Hay enojo.»
«Hay dolor.»
Reconocerlo y aceptarlo no significa estar de acuerdo con aquello que sucede.
Significa dejar de luchar contra el hecho de que, en este momento, eso es lo que estamos experimentando.
Aceptar no significa resignarse
Aceptarlo significa reconocer la realidad presente.
Después podemos actuar.
Podemos poner límites.
Podemos tomar decisiones.
Podemos pedir ayuda.
Podemos cambiar de dirección.
Podemos alejarnos de una situación perjudicial.
La aceptación no es pasividad.
Es el punto de partida desde el que podemos responder con mayor claridad.
El papel del psicólogo y la terapia psicológica
Hay experiencias que pueden ser difíciles de atravesar solos.
Cuando el malestar se vuelve persistente, afecta a nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestro descanso o nuestra capacidad para disfrutar de la vida, buscar ayuda profesional puede ser una decisión responsable.
Un psicólogo puede ayudarnos a comprender patrones emocionales, desarrollar recursos y trabajar experiencias que necesitan una atención especializada.
La terapia psicológica puede ser especialmente importante cuando el sufrimiento se vuelve crónico o existe riesgo de cronificar el sufrimiento por mantener durante mucho tiempo determinados patrones de pensamiento y comportamiento.
Pedir ayuda no es falta de autosuficiencia.
Es reconocer que somos seres humanos y que, en determinadas circunstancias, necesitamos apoyo para recuperarnos.
La necesidad de pedir ayuda profesional no es una cuestión menor. La OMS señala que, aunque existen tratamientos eficaces para muchos trastornos mentales, la mayoría de las personas que los padecen no tienen acceso a una atención eficaz. En el caso concreto de los trastornos de ansiedad, la OMS estima que aproximadamente solo 1 de cada 4 personas recibe tratamiento.
Por eso, reconocer cuándo podemos trabajar nuestro malestar mediante prácticas de autoconocimiento y cuándo necesitamos apoyo profesional forma parte también de una relación responsable con nuestro bienestar.
La psicología puede ayudarnos a comprender, procesar y gestionar el sufrimiento. La investigación de la Conciencia nos invita a investigar quiénes somos más allá de aquello que estamos experimentando. No son necesariamente caminos enfrentados; pueden complementarse.
Despertar espiritual: mirar más allá de la experiencia
Existe otra investigación que podemos realizar junto a cualquier proceso de crecimiento psicológico.
Podemos preguntarnos:
¿Quién es el que está experimentando este sufrimiento?
No para negar la emoción.
No para escapar de ella.
Sino para observarla directamente.
Cuando aparece tristeza, podemos reconocer que existe tristeza.
Cuando aparece miedo, podemos reconocer que existe miedo.
Cuando aparece dolor emocional, podemos observarlo.
Y entonces descubrimos algo interesante:
la emoción está siendo experimentada.
Los pensamientos están siendo observados.
Las sensaciones están siendo percibidas.
Las circunstancias están cambiando.
Pero hay algo que es consciente de todo ello.
La investigación de la Conciencia
Este reconocimiento abre una puerta hacia el autoconocimiento mucho más profundo.
No se trata únicamente de saber cómo funcionamos psicológicamente.
Se trata de investigar directamente quién o qué somos antes de identificarnos completamente con nuestros pensamientos, emociones, historias y circunstancias.
Podemos llamarlo Conciencia.
Podemos llamarlo Presencia.
Podemos llamarlo Ser.
El nombre es secundario.
Lo esencial es descubrirlo en la experiencia directa.
La atención plena como puerta de regreso
La atención plena nos permite entrenar precisamente esta capacidad de permanecer presentes ante lo que sucede.
No necesitamos conseguir que la mente quede completamente en silencio.
Podemos observar pensamientos sin perseguirlos.
Podemos sentir emociones sin convertirlas automáticamente en una acción.
Podemos percibir sensaciones sin exigir que desaparezcan.
Y poco a poco aprendemos que podemos estar presentes incluso cuando nuestra experiencia no es agradable.
Esto puede ayudarnos a desarrollar una relación más consciente con el sufrimiento.
La importancia terapéutica del contacto con la naturaleza
El contacto con la naturaleza ocupa un lugar fundamental en nuestra manera de entender el proceso de transformación. Salir del entorno habitual, caminar por un bosque, atravesar una montaña o simplemente permanecer en silencio frente a un paisaje puede favorecer una profunda desconexión de los estímulos cotidianos y abrir un espacio para observarnos de otra manera. La naturaleza no elimina mágicamente el sufrimiento, pero puede crear un contexto especialmente adecuado para descansar de los patrones habituales, recuperar perspectiva y conectar con el cuerpo, la respiración y el momento presente. Por eso el ejercicio físico, la aventura y la naturaleza pueden convertirse en aliados de un proceso de transformación que une cuerpo, mente y Conciencia.
La naturaleza como espacio de autoconocimiento
Cuando caminamos durante horas, el ruido cotidiano disminuye.
Tenemos menos estímulos.
Menos distracciones.
Más espacio para observar.
El esfuerzo físico nos devuelve al cuerpo.
La montaña nos recuerda nuestra pequeñez.
La incertidumbre nos obliga a estar presentes.
Y el silencio puede mostrarnos aquello que normalmente evitamos escuchar.
Por eso la naturaleza puede convertirse en un verdadero espacio de investigación interior.
La relación entre naturaleza y bienestar tampoco pertenece únicamente al terreno de la intuición. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en International Journal of Mental Health Nursing en 2024 analizó investigaciones sobre exposición a la naturaleza en adultos con síntomas de problemas de salud mental. Los autores encontraron efectos estadísticamente significativos asociados a la exposición a la naturaleza, incluyendo reducciones de síntomas depresivos y estrés, además de mejoras en el estado de ánimo, la calidad de vida y otros indicadores de salud mental. Los efectos fueron moderados cuando se analizaron conjuntamente los estudios y menores, aunque todavía significativos, en aquellos que incluían grupos de control.
Esto no significa que caminar por un bosque sustituya a una intervención psicológica o médica cuando esta es necesaria. Significa que la naturaleza puede constituir un contexto valioso dentro de un enfoque más amplio de bienestar, presencia y conexión con uno mismo.
Meta-análisis sobre exposición a la naturaleza y salud mental — PubMed
Superar el sufrimiento en compañía
No estamos diseñados para atravesar todas las situaciones difíciles en soledad.
Las relaciones humanas pueden ser una fuente extraordinaria de apoyo.
Hablar.
Escuchar.
Compartir.
Empatizar.
Sentirnos comprendidos.
Rodearte de personas con las que puedas expresarte con autenticidad puede favorecer una experiencia de apoyo que resulta especialmente valiosa cuando estamos pasando mal.
La conexión grupal no elimina nuestros problemas.
Pero puede cambiar profundamente la manera en que los atravesamos.
Mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás
Cuando comprendemos mejor lo que ocurre en nuestro interior también podemos mejorar la relación que tenemos con quienes nos rodean.
Aprendemos a comunicar nuestras necesidades.
A escuchar.
A poner límites.
A empatizar.
A reconocer nuestras reacciones.
Y a responder en lugar de reaccionar automáticamente.
La transformación interior no tiene por qué alejarnos de los demás.
Puede permitirnos relacionarnos desde un lugar más auténtico.
El sufrimiento como puerta hacia el bienestar
Quizá una de las mayores transformaciones ocurre cuando dejamos de considerar el sufrimiento únicamente como un enemigo.
Una experiencia difícil causa dolor.
Sí.
Una pérdida puede producir aflicción.
Una ruptura puede generar tristeza.
Un fracaso puede despertar frustración.
Y determinados acontecimientos pueden producir un dolor más intenso que necesitamos procesar con tiempo y apoyo.
Pero incluso ahí podemos preguntarnos:
¿Qué puedo aprender de mi manera de relacionarme con esto?
No para justificar lo sucedido.
No para minimizar el impacto.
Sino para utilizar la experiencia como una oportunidad de crecimiento.
Lo que nos ayuda a recuperarnos
Para recuperarse de una experiencia dolorosa pueden ser importantes diferentes recursos:
- tiempo y descanso;
- apoyo de otras personas;
- atención profesional cuando sea necesaria;
- movimiento y ejercicio;
- conexión con la naturaleza;
- expresión emocional;
- autoconocimiento;
- descanso mental;
- presencia y atención.
No existe una fórmula universal.
Cada persona y cada experiencia son diferentes.
Lo importante es desarrollar recursos que nos permitan responder de una forma más saludable.
Vivir la vida con sentido implica aceptar que el sufrimiento forma parte de la vida
Vivir la vida con sentido no significa construir una existencia sin dificultades.
El sufrimiento forma parte de la vida.
Habrá momentos en los que no podamos cambiar lo que ocurre.
Habrá pérdidas que no podamos evitar.
Habrá decisiones equivocadas.
Habrá situaciones que escapen completamente a nuestro control.
Pero podemos elegir cómo relacionarnos con ellas.
Y ahí aparece una libertad mucho más profunda.
No necesariamente podemos elegir lo que ocurre.
Pero podemos aprender a observar desde dónde estamos viviendo aquello que ocurre.
Ser feliz no significa dejar de sufrir
Quizá hemos confundido felicidad con ausencia total de emociones desagradables.
Pensamos:
«Si estoy triste, no soy feliz.»
«Si tengo miedo, estoy haciendo algo mal.»
«Si estoy preocupado, he perdido mi paz.»
Pero una experiencia humana completa contiene muchas emociones.
Podemos sentir tristeza y, al mismo tiempo, permanecer presentes.
Podemos sentir miedo y actuar con valentía.
Podemos sentir dolor y seguir conectados con la vida.
Podemos atravesar una pérdida y continuar reconociendo aquello que somos.
La paz profunda no tiene por qué depender de que desaparezca cada emoción.
La felicidad que no necesita una causa
Cuando dejamos de perseguir durante unos instantes aquello que creemos necesitar para estar bien, puede aparecer un descanso.
No hemos conseguido nada.
No hemos cambiado las circunstancias.
Simplemente hemos dejado de buscar.
Y en ese espacio podemos reconocer algo.
Una presencia silenciosa.
Una sensación de estar aquí.
Una experiencia de no necesitar nada durante unos instantes.
Quizá la paz no tenga que ser creada.
Quizá solo necesitemos dejar de interferir con ella.
Como el cielo detrás de las nubes.
Siempre estuvo ahí.
¿Cómo superar el sufrimiento de manera eficaz?
No existe una fórmula que funcione exactamente igual para todo el mundo.
Pero podemos desarrollar una dirección.
Sentir.
Observar.
Comprender.
Aceptar.
Actuar cuando sea necesario.
Pedir ayuda cuando la necesitemos.
Volver a la Presencia.
Eso es mucho más profundo que intentar sentirnos bien constantemente.
Porque nuestro objetivo no es superarlo todo para siempre.
Es aprender a relacionarnos con la vida desde un lugar diferente.
Una forma adecuada de afrontar las situaciones difíciles
Cuando aparezca sufrimiento:
- Detente.
- Reconoce lo que estás sintiendo.
- Siente el cuerpo.
- Observa los pensamientos.
- Permite que la emoción esté presente.
- Pregunta qué necesita realmente esta situación.
- Actúa de la forma adecuada cuando sea necesario.
- Recuerda la Presencia.
- Busca ayuda si necesitas ayuda.
No necesitas hacerlo perfectamente.
Necesitas practicar.
Una práctica de atención plena en la naturaleza
Si tienes la posibilidad, busca un lugar natural.
Un bosque.
Una montaña.
La orilla del mar.
Un parque.
Cualquier espacio donde puedas permanecer unos minutos sin interrupciones.
Camina lentamente durante cinco minutos.
No escuches música.
No mires el teléfono.
Simplemente camina.
Siente cada paso.
Percibe la respiración.
Observa la temperatura del aire sobre tu piel.
Escucha los sonidos más cercanos y después los más lejanos.
Mira las formas, los colores y el movimiento de aquello que te rodea.
No intentes analizar el paisaje.
Permite que el paisaje sea percibido.
Después detente.
Cierra los ojos si resulta seguro.
Siente tu cuerpo.
Observa los pensamientos.
Observa las emociones.
Y pregúntate:
¿Qué es consciente de todo esto?
No respondas mentalmente.
Quédate unos instantes en la pregunta.
No busques una experiencia especial.
No intentes sentir paz.
Simplemente permanece presente.
Este pequeño ejercicio puede convertirse en una puerta para recordar que no necesitas escapar de la experiencia para estar en paz con ella.
Cada momento de sufrimiento puede ser un recordatorio
La próxima vez que pierdas la paz, prueba a no considerarlo un fracaso.
Utilízalo como una campana.
Una llamada.
Un recordatorio.
Tu atención puede haberse quedado atrapada en un pensamiento, una emoción, un deseo o una circunstancia.
Puedes volver.
Respirar.
Sentir.
Observar.
Reconocer.
Y recordar.
No necesitas fabricar la Paz.
Necesitas reconocerla.
Podemos aprender a vivir de otra manera
No se trata de conseguir una vida perfecta.
Se trata de aprender a estar plenamente presentes en la vida que tenemos.
Podemos amar.
Podemos crear.
Podemos viajar.
Podemos aventurarnos.
Podemos equivocarnos.
Podemos perder.
Podemos volver a empezar.
Podemos sentir.
Y podemos seguir reconociendo nuestra esencia en medio de todo ello.
El verdadero camino para superar el sufrimiento
Quizá superar el sufrimiento no significa eliminar para siempre el dolor de nuestra existencia.
Quizá significa dejar de buscar nuestra identidad y nuestra felicidad exclusivamente en aquello que cambia.
No porque dejemos de sentir.
No porque nunca tengamos problemas.
No porque consigamos controlar nuestra mente.
Sino porque empezamos a reconocer una dimensión más profunda de nuestra experiencia.
Una Presencia que no necesita ser creada.
Una Paz que no necesita una causa.
Una Conciencia que permanece mientras pensamientos, emociones, sensaciones y circunstancias aparecen y desaparecen.
Y cuanto más aprendemos a regresar a ella, más estable puede hacerse nuestra relación con la paz.
El verdadero regreso con Rumbo al Ser
En Rumbo al Ser, no entendemos el viaje como una huida de la vida.
Lo entendemos como una oportunidad para volver a ella de una manera diferente.
La aventura nos saca de nuestra zona conocida.
La naturaleza nos devuelve al presente.
El esfuerzo físico nos conecta con el cuerpo.
La conexión grupal nos permite compartir, sostenernos y descubrirnos en relación con otros.
El silencio abre espacio.
La atención nos lleva al instante presente.
Y la investigación de la Conciencia nos invita a mirar más allá de aquello que creemos ser.
No buscamos escapar del sufrimiento.
Buscamos comprenderlo.
No buscamos fabricar felicidad.
Buscamos reconocerla.
No buscamos convertirnos en alguien diferente.
Buscamos recordar nuestra verdadera esencia.
Y descansar en ella.
Porque quizá el viaje más importante de nuestra vida no sea llegar a un lugar determinado.
Quizá sea descubrir desde dónde estamos caminando.
Y quizá aquello que llevamos tantos años buscando fuera —la paz, la plenitud, la felicidad— nunca estuvo realmente fuera.
Siempre estuvo aquí.
Esperando a ser reconocida.
Y cada vez que sufrimos, podemos volver.
Cada vez que nos perdemos, podemos recordar.
Cada vez que la vida nos sacude, podemos detenernos.
Respirar.
Sentir.
Observar.
Y regresar.
Rumbo al Ser.
Este artículo es meramente informativo, en Rumbo Al Ser no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

